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1000 AÑOS DE HISTORIA
Siglos atrás, al inicio de los tiempos históricos, toda la montaña de San Lorenzo, al menos el sector de la Mola - Montcau, pertenecía al castillo de Terrassa. Son muchos los documentos de los siglos X y XI que nos dicen que el término de Lacera o lacaria (959), más tarde conocido por término de Sant Llorenç Savall, el de Castellera (971) y el de Mata de Pera (980) pertenecían al término de Terrassa o, es igual, eran in terminio Terracia . Lo mismo se puede decir del monasterio de San Lorenzo, que todos los viejos documentos dicen que era del término de Terrassa, en especial el documento del 1013 por el que el abad de San Cugat Guitard permuta con los condes Ramon Borrell y Ermessenda el monasteriode San Lorenzo por dinero y tierras a Vilamilanys, donde leemos: Este namque iam dicto monte Sti. Laurencii, cum eclesias ibi sitas, divina largiente clementia, in chomitatu Barchinone, in terminio de Terracia .

Por si faltara corroboración, un documento del 1049 dice que el término del castillo de Terrassa confrontaba con los términos de Mura, Granera y Gallifa.

Hoy día la montaña de San Lorenzo es el gran referente de los municipios de Matadepera, Sant Llorenç Savall, Castellar del Vallés, Mura y Vacarisses. Pero toda la cima de la Mola, con el monasterio y con Can Pobla, hasta los Òbits, pertenece a Matadepera, el municipio que recoge también la mayor parte del valle la riera de les Arenes, aunque históricamente estuvieran tanto o más vinculados con el monasterio los términos de Castellar y buena parte del de Sant Llorenç Savall, en especial la antigua cuadra de Mur. La documentación hace mención por primera vez de una iglesia o de un grupo de pequeños santuarios unidos. Desde los años 947 y 957, que conocemos unas primeras dejas en la casa de San Lorenzo y en sus capillas o altares de San Lorenzo, de Santa María y de San Miguel, pero es mucho antes de estas fechas que ya hay indicios seguros de población en el macizo de San Lorenzo, de una manera especial al abrigo de la Mola. En las épocas prehistóricas el hombre dejò huella y habitó estamontaña, como lo revelan los hallazgos de cerámica, huesos y sílex hechas en una cueva sobre Can Pobla, en la cueva de las Ànimes, en la cueva del Frare y en la cueva Simanya, así como fragmentos de sílex y hachas de piedra aparecidas en diferentes puntos del macizo. También se han encontrado monedas de la época imperial romana cerca del monasterio.

De épocas más cercanas, es decir, del período que va de la época romana baja en la Alta Edad Media, han aparecido antiguas sepulturas o cistas por los alrededores de Can Pobla y de Can Robert, excavadas en los años 1923 y 1929, y en especial cuatro sepulturas situadas a 920 m de altitud, sobre los riscos del Marquet, a pocos pasos del coll de les Eres, excavadas el 29 de septiembre de 1929, en las que aparecieron abundantes restos humanas, y en especial una hebilla o broche de época netamente visigoda y, más recientemente, en junio de 1948, excavaron tres sepulturas, dos de tegulae y una cista cerca de los Òbits, a 900 m de altitud y 1700 metros de las anteriores. Estas últimas sepulturas, a pesar de la utilización o reutilización de las tegulae romanas para proteger las calaveras, se cree que pueden ser de la Alta Edad Media. todo esto nos coloca en unos siglos más allegados a nosotros del quinto o sexto a esta parte, que revelan que la montaña de la Mola era aprovechada para vivienda, al menos en épocas de inseguridad, por cuanto los roquedales y las estrechas grietas de tierra no ofrecen espacios para la agricultura.Sin embargo, la cueva de los Òbits fue aprovechada para vivienda al menos hasta el 1880, según cuenta un moderno autor que ha tratado de esta montaña. En una época ignorada, pero ciertamente bastante anterior al 950, unos devotos desconocidos, posiblemente unos ermitaños que querían servir a Dios huyendo de la sociedad del valle, construyeron en la cima de la Mola una iglesia con tres altares o un edificio compuesto de tres cuerpos a modo de naves adosadas, con altares dedicados a San Lorenzo, en Santa María y en San Miguel, advocaciones que los primeros documentos dan también a menudo,poniendo jerárquicamente delante Santa María, y luego San Miguel y San Lorenzo. A pesar de ello, el titular principal y lo que a menudo es llamado como único es San Lorenzo, el patrón tradicional y secular del monasterio, que antes del 972 había dado ya su nombre a la montaña.

Todo lo que se pueda decir sobre los orígenes de la iglesia o el móvil de sus fundadores, mientras no aparezca nueva documentación, será siempre una pura hipótesis. La tesis o la hipótesis sostenida por los antiguos autores sobre la erección del monasterio por cristianos que huían de la ocupación árabe o los moros, es más bien un cliché histórico que un hecho verosímil, sobre todo si se tiene en cuenta que la primera ocupación musulmana del país, a pesar del carácter violento que parece que tuvo del Ebro a los Pirineos, fue menos devastadora que las razias que hubo tras la organización de los condados catalanes, o sea, de las que se ocasionaran los años 826, 985, 1002 y 1014, por no mencionar sino algunas de las principales que afectaron dicho sector del país. Las montañas eran, ciertamente, un lugar de refugio en los momentos de las invasiones, pero la erección de una iglesia supone una voluntad firme de residir, algo más propio de un grupo de ermitaños o personas que quieren separarse del mundo que de unas personas que huyen en unos momentos o unos estados de peligro.

Por otra parte, la existencia de un castrum bien poblado en Terrassa desde los primeros momentos de la reestructuración del país revela que la gente no huyó, al menos como algunos autores pretenden, hacia las montañas. La proximidad de la Mola en el centro de la diócesis de Egara, núcleo de cristianización del país entre el 450 y el 715, explicaría muy bien que un núcleo más o menos reducido de cristianos buscasen la soledad de La Mola para dedicarse a Dios, como otro grupo lo hizo también en Montserrat mucho antes del 888.
Si encontramos arriesgado y difícil de fijar una fecha aproximada de la aparación de la primera iglesia de San Lorenzo en cambio parece que no es difícil de suponer que la iglesia o las tres iglesias, como parecen indicar algunos documentos, se encontraban tan juntas, que formaban prácticamente un solo edificio, puesto que si, por un lado, documentos del 954, el 983 y el 990 hablan con palabras casi idéntico de la domum Sancti Laurentii, Sta. María et Sancti Michaelis quien sunt illorum ecclesias fundatas in monte alciore supra Terraciam que vocant Sancti Laurentii ,otros documentos, del 960 y el 980, dicen simplemente ad domum Sancti Laurentii, Sancta María et Sancti Michaelis . En cambio, no hemos encontrado en la documentación ningún indicio concreto de una comunidad o de unos servidores concretos, ni tampoco ninguna referencia concreta, ya que la mayoría de las dejas primitivas son hechas a Dios y a los santos mencionados, o como máximo a servientes ; ahora bien, esta expresión es demasiado genérica para poder sacar como consecuencia que existía allí una comunidad, ya que también uno de los primeros documentos de San Lorenzo es una donación de tierras de Matadepera hecha el 972 a servientes de la domum Sti. Stefani cuius baselica sita est in monte Sancti Laurentii , que se trata de la iglesia de San Esteban de la Vall, o de Can Pobla, y allí no habría comunidad, si bien podía haber ermitaños, como arriba en San Lorenzo.

La primera vez que sale una mención concreta de una comunidad organizada es en un pergamino, por desgracia mutilado, del 4 de julio de un año desconocido del rey Lotario, en el que Servusdei y su esposa Livolo hacen donación a Santa María, San Miguel y San Lorenzo, que son en la montaña más alta sobre Terrassa, la tarea de tierras y viñas que tienen en el término de Terrassa, sobre Castellar, en los lugares de Miralles y Pedralba. Estos lo dan a donación de tal manera que ningún abad o sirviente ( abas velo servientes ) no se les pueda quitar a dichos santos.

Por mucho que en el lomo del pergamino haya sido anotado, con un interrogante, el año 954, como la cronología del rey franc Lotario va desde 955 al 986, este documento sólo nos dice que al menos desde el año 986 había en el Munt una comunidad o que estava bajo el cuidado de un abad, lo que sabemos que era una realidad al menos desde la época del abad Juan de Sant Cugat, el cual rigió aquella abadía entre los años 974 y 985.


PRIMER INTENTO FRUSTRADO DE FUNDACIÓN MONÁSTICA

Ante la imposibilidad de saber nada en concreto de los supuestos donantes o ermitaños que erigieron la iglesia o las iglesias de San Lorenzo y que tuvieron a su cuidado hasta el último cuarto del siglo X, necesitamos llegar a una fecha situada en torno al 975 para suponer que tuvo lugar en este tiempo la cesión que hizo el conde Borrell II al abad Juan de Sant Cugat de las iglesias de la montaña de San Lorenzo,contra la donación al conde, por parte del monasterio, de dos pensas de plata.

La pluralidad de Iglesias que le da el documento tanto puede referirse a la edificación de San Lorenzo, con sus otras dos capillas o titulares de San María y San Miguel, como las iglesias de San Lorenzo y de San Esteban, esta situada en Can Pobla, a los pies del monasterio, que hemos visto que existe des de el 972.
Parece evidente que el monasterio de Sant Cugat lo adquirió para establecer una comunidad monástica, o al menos para convertir los sirvientes de San Lorenzo en monjes de filiación benedictina, seguramente bajo un prior sometido directamente al abad de Sant Cugat.
Tenemos una confirmación clara del origen de la fundación monástica, aunque tal vez sólo de corta duración, por parte de Sant Cugat en otro documento tardío, del 1099, en el que se dice que el abad y los monjes fundadores eran del monasterio de Sant Cugat.

El mismo documento del 1099, otorgado por el conde Ramón Berenguer III, dice que el monasterio fue construido por los antecesores del conde, y que a él,le llegò por sucesión hereditaria. Por ello, tanto puede referirse a la recuperación de la propiedad, que el conde Ramón Borrell hizo el 1013, del monasterio de San Lorenzo, que algún antecesor había vendido a Sant Cugat, como un dominio anterior que los condes creían tener por razón del cargo condal, que fue el que autorizó al conde Borrell II, el 29 de mayo de 973, antes, por tanto, de venderlo a Sant Cugat, le había hecho donación de un palou en Mura, entonces denominada valle de Nèspola, en el condado de Manresa.

Admitida como un hecho histórico la conversión, o al menos el propósito inicial de convertir, Sant Llorenç del Munt en monasterio benedictino por obra del abad y los monjes del monasterio de Sant Cugat del Vallés, sigue en pie el problema de saber desde cuando San Lorenzo tuvo una comunidad propia.

Ninguno de los antiguos documentos, fuera de la mención genérica del documento mutilado, fechado por el rey Lotario, de la cesión de bienes hecha por Servusdei y Livolo (por lo tanto, antes del 986), no habla de monjes o de abades que rijan la casa de San Lorenzo hasta después del 1013.

Todo esto hace suponer que San Lorenzo era considerado como una celda o posesión monástica de la gran abadía de San Cugat, regida por algunos monjes, pero sin abad propio hasta después del 1013. Confirma esto el hecho de que ni en la necrología de Sant Llorenç del Munt ni en la de San Cugat no salga ningún abad propio de San Lorenzo antes de Borrell, que regía la casa en 1018 y, en cambio, salga considerado como abad de San Lorenzo el conde Ramón Borrell de Barcelona en 1.013.

El primer abad que registra la documentación es Borrell que el 20 de abril de 1018 compró a Tudiscle Marcuci y su mujer Emen un palacio en el término de Terrassa, en el lugar denominado Montagut. Los supuestos abades David y Tassi que, sin ninguna fecha de gobierno, retraen a Antoni Vergés Fortià Solà, son una pura invención de un antiguo cronista, y el abad Abbo que retrae el Speculum officialatus y que también recogen ambos autores no es sino el documentado abad del mismo nombre del monasterio de Sant Llorenç del Munt o de Sous, de la Garrotxa.

Esto indica, por tanto, que durante el tiempo en que Sant Llorenç del Munt fue sometido a la propiedad de Sant Cugat del Vallés, no pasó de ser una simple dependencia o filial, sin haber alcanzado la categoría de monasterio, ni siquiera de priorato con una superior titularidad propio, aunque el abad Juan amplió la dotación de la casa con nuevas compras. Una tradición o leyenda dice que, cuando al-Mansur,en el 985, saqueó y destruyó las tierras del Vallès y la ciudad de Barcelona y mató el abad de San Cugat, Joan, con doce monjes que se habían refugiado en la ciudad condal,sólo se salvó una parte de la comunidad, que residía o se había refugiado en Sant Llorenç del Munt.

Este hecho, que no hemos visto confirmado por ningún documento antiguo, es verosímil y, al menos, encajaria muy bien con el carácter inicial que parece que tuvo el monasterio a la salvaguarda de los condes de Barcelona.

La postración de Sant Cugat, que perdió casi toda la comunidad y los documentos y fue destrozada por Almanzor, debía impedir que tras el 985 se pudiera emprender la fundación proyectada en San Lorenzo.
ABACIOLOGIA

Des de el 1608 en adelante los prior del Colegio de la Congregación Claustral Tarraconense, establecido en Lleida a mediados del siglo XVII y en Sant Pau del Camp, de Barcelona, a partir de 1672, se denominó prior de Sant Llorenç del Munt, entre muchos otros títulos.
EL MEJOR ROMÀNICO

(1) Planta de l’església del monestir

(2) Secció tranversal (1)

(3) Secció transversal (2)

(4) Secció longitudinal
La iglesia de San Lorenzo, presenta una gran unidad de construcción y se pueden distinguir bien las obras adheridas, tales como el campanario de forma escalonada y hasta los restos de muros más antiguos encontrados en el ábside.
La planta es el de la basílica de tres naves, con un transepto señalado por planos más reforzados, que sostienen el cimborrio sobre trompas de la forma usual catalana. El transepto es casi el centro del templo, como en las iglesias del segundo período bizantino.
La nave central junto a la puerta, mide 4,25 metros de ancho y junto al toral del ábside, 4 metros. Estudiadas las convergencias de las naves laterales, la de la izquierda (entrando) a ras el frontis, acusa 2,42 metros y el extremo opuesto, 2,17 metros. Es difícil de creer, viendo estas diferencias en sutileza constructivas. Es mas clara la explicación, los errores en el replanteo y en la construcción. (1)

El cimborrio se encuentra excepcionalmente en el centro de la construcción. Era común, durante el siglo XI, hacer las iglesias solamente de una veintena de metros de largo, como esta de San Lorenzo.

La iglesia está construida con piedra de la misma montaña, una parte de arenisca roja eocénica y el otro de pequeños sillares rústicamente desbastados. En todo el edificio no hay más que el dintel del portal mayor que se distingue por sus dimensiones. (2)

Las vueltas de las colaterales son semicirculares, sin arcos torales, a excepción de bajo la cúpula.

Los dos pilares que aguantan las arcadas son rectangulares, como en las basílicas antiguas.

En la ventana absidal, están combinadas rocas de arenisca roja con otros de caliza. En el ábside hay cuatro nichos iguales, sin ninguno en el centro, como en otras iglesias románicas coetáneas. (3)

La puerta exterior es muy sencilla y presenta, en las cartelas, las señales de un porche o nártex que la cobijaba.

La planta parece, según Elías Rogent, una reducción a una mitad de la iglesia de Sant Cugat, pero hay que advertir que la actual iglesia de Sant Cugat es seguramente posterior a la que describimos. Esta construcción pertenece al arte perfecto con que fue levantada la iglesia de la Colegiata de Cardona y parece reflejo de aquella escuela. (4)

Todas estas obras tienen las bóvedas de cañón semicirculares reforzadas generalmente por medio de arcos torales; todas son obras bien cuidadas que señalan el siglo XI avanzado. Representan una reproducción occidental de las basílicas que se construían en Oriente en los siglos V y VI.

Según Rogent, hay indicios en San Lorenzo de las pinturas polícromas, que solían llenar los ábsides y las naves de aquellas construcciones.

También se conservan, en los claustros o paso del mediodía del Monasterio, unos sarcófagos adosados a las paredes de la iglesia, con unas inscripciones.
PEQUEÑO RETABLO
Petit rataule
Pequeño retablo de San Lorenzo, diácono y mártir

En la ciudad de Huesca, en Aragón, en el siglo II, hacia el año 210 de nuestra era, nació un niño en el seno de una familia cristiana. Le pusieron Lorenzo.

Al abrigo de sus buenos padres, Lorenzo fue educado en el amor a Dios y a los hermanos. Eran tiempos de persecución, especialmente en Roma, la capital del Imperio. Jesús ya lo había anunciado a sus discípulos:

"COMO ME HAN PERSEGUIDO A MI,TAMBIÉN OS PERSEGUIRÁN A VOSOTROS. NO TENGAIS MIEDO DE LOS QUE MATAN EL CUERPO, PORQUE NO PUEDEN MATAR EL ALMA"

Y fue así que, de joven, San Lorenzo dejó su casa y se fue a Roma, con el deseo de ayudar a sus hermanos.

El Papa Sixto II lo nombró diácono de la Iglesia romana. Entre otros servicios, los diáconos se encargaban de distribuir las limosnas de la comunidad cristiana entre los pobres y menesterosos.

Por aquella época, el emperador Valeriano, como sus antecesores Nerón y Calígula, perseguían encarnizadamente los cristianos. El Papa Sixto, ya anciano, fue detenido con los demás y conducido a la cárcel.
Al enterarse Lorenzo corrió a su encuentro y le dijo:

"Donde vais, padre sin vuestro hijo? Hasta ahora nunca habíais ofrecido el Santo Sacrificio sin tu diácono. Es que desconfíais de la fe de vuestro sirviente o pensais que no soy lo suficientemente valiente para acompañaros en esta hora ?. Me quereis dejar solo y desamparado?"
"Hijo mío: todavía no ha llegado tu hora, respondió el Papa. Pronto me seguirás. Sigue haciendo tu servicio generoso distribuyendo entre los pobres y necesitados los bienes de la Iglesia. Que Dios te bendiga."

Lorenzo cumplió el encargo del Papa. Socorrió todos los que pudo que estaban escondidos en cuevas por temor a los soldados romanos; ayudó a los enfermos y repartió entre los necesitados todo lo que se le había confiado.

Mientras tanto, los soldados que habían oído la conversación entre el diácono Lorenzo y Sixte, se lo dijeron al emperador, cruel y avaricioso, mandó que Lorenzo fuera detenido inmediatamente.

Llevaron Lorenzo en la presencia del Emperador y éste le dijo:

"Me han dicho que se te han confiado las riquezas de la Iglesia. Si quieres seguir viviendo, me las tienes que entregar enseguida"

"César, me has de dar tres días y algunas carretas para poder llevarte las" respondió Lorenzo.

Vigilado por los soldados del emperador que no comprendían lo que hacía Lorenzo, éste se dedicó a recoger todos los licidos,cojos, enfermos y pobres que socorría y se presentó con ellos ante el emperador.

"Aquí teneis, los verdaderos tesoros de la Iglesia. Para ellos dio la vida Nuestro Señor Jesucristo. Ellos convierten nuestras pobres limosnas en tesoros inestimables."

El Emperador Valeriano, sintiéndose burlado y el hazmerreír de aquellos desgraciados, lleno de rabia mandó que Lorenzo fuera azotado y condenado al peor de los tormentos: ser quemado vivo encima de unas parrillas.

Los verdugos estiraron Lorenzo en aquel instrumento de suplicio, lo ataron con cadenas y encendieron la hoguera.

Durante el tormento, Lorenzo dirigió estas palabras a su verdugo:

"Ya puedes girarme, porque ya estoy cocido de este lado."

Y dirigiendo su mirada al cielo dijo antes de morir:

"Gracias, Señor, por haberme concedido entrar en vuestro Reino."
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